Relato para una ciudadela liberada
Transcribo un par de párrafos de un artículo de Joseba Arregui publicado hoy en el diario El correo porque creo que señala perfectamente la línea del camino que, en forma de análisis, discurso y propuesta, llevamos transitanto algunos desde hace años.
Desde esa óptica, describe el sendero por el que Euskadi tiene salida. No ya una guía para "orientarse en el laberinto vasco" sino, más bien, una guía para que, quienes quieran, puedan "salir del laberinto vasco".
La ruta por la que, desde hace años, se dibuja un camino hacia la laicidad identitaria, hacia la libertad íntima de sentimientos de pertenencia y de autodefinición de la identidad propia.
En la actualidad, este planteamiento supone la actualización de los viejos combates por la libertad y la tolerancia religiosa librados en otro tiempo. En su fondo es un discurso para caminar hacia una Euskadi sin los (nuevos) dioses obligatorios que algunos tratan de imponer, sin tribunales de la inquisición patriótica o identitaria, sin obligatoriedad nacional de cualquier tipo sino con ausencia (hacia el otro) de juicio de valor identitario, sin patrias de obligado cumplimiento, sin banderas nacionales a las que rendir ningún obligado tributo romántico.
Una Euskadi cívica que sea una ciudad abierta, relatada en términos discursivos, interpretada bajo los patrones de la modernidad y pensada en términos ilustrados. Una Euskadi racional, secular, cívica, conformada por ciudadanos que conviven y comparten el espacio público en un esquema de derechos y obligaciones que nos iguala públicamente y nos asegura que, en nuestra intimidad, cada uno puede pensarse, vivirse y sentirse como quiera.
Un relato para una ciudadela liberada, su centro de gravedad, el nucleo de discurso de los ciudadanos que, en Euskadi, trabajan por alcanzar nuevas fronteras para nuestra libertad situadas mucho más allá del fin del terrorismo.
"...Yo no voy a parar, porque no necesito que nadie me reconozca mi identidad euskaldun, que como tal es parcial, porque convive en mí mismo perfectamente con mi identidad española, con mi identidad europea... por no hablar de la identidad grecorromana y hebrea. Yo no voy a parar porque no quiero que me reduzcan, que me jibaricen, que me impidan pensar la nación vasca como aquélla que es capaz de hacer sitio a los ciudadanos vascos reales, plurales y complejos cada uno en sí mismo, porque la otra, la que para ser pensada necesita renunciar a la mitad de los ciudadanos, no me interesa para nada.
Soy uno, un ciudadano, constituido por derechos y libertades, por su pertenencia a un Estado que no se reduce a una cultura y a una lengua, que no me impone una identidad, que me permite sentirme e identificarme como quiera, porque lo importante son las libertades y los derechos que como sujeto político tengo garantizados..."








